Archive for the ‘Relatos’ Category

Tengo documentos visuales y veridicos de como se inventó la musica; fue en una tribu, primero una macizota inventó los instrumentos de percusion…

 

Y luego el mas espabilado de la tribu vió futuro en esto de la musica y quiso hacer carrera inventando los instrumentos de viento…


Aunque la perfeccion de las melodias las hicieron un padre y su hijo Pachin en una estación de tren mientras veían llegar el tren que paraba dependiendo de la cantidad de pasajeros que llevara ya.
El niño nervioso preguntaba al padre:
-parara papa?
-parara pachin-le contestaba el padre.
-parara papa?
-parara pachin
-parara papa?
-parara pachin
-para papa?
-parara pachin

Uno de rubias…

Una atractiva rubia irlandesa llegó al casino.
Parecía estar algo borracha y apostó 20.000 euros en una sola jugada a los dados.
En eso dijo: “Espero no se molesten, pero siento que tengo más suerte si estoy completamente desnuda”.
Así pues, se sacó toda la ropa y tiró los dados diciendo:
“Vamos!… vamos!… que mami necesita ropa nueva!!!”.
Cuando el dado se detuvo, empezó a dar saltos y gritó:
“Si!!!… si!!!!… GANÉEEE!!!”.
Abrazó a los empleados, a cada uno de los jugadores, recogió sus ganancias, su ropa y se fue rápidamente.
Todos se miraron boquiabiertos… Finalmente uno de los empleados preguntó:
“¿…. y qué número salió?.
El otro contestó: “No sé; pensé que tú estabas mirando!!!”.

MORALEJA:
– No todas las irlandesas son borrachas.
– No todas las rubias son tontas.
– Pero todos los hombres son IGUALITOS, IGUALITOS, IGUALITOS!!!

Cuidado que no te roben.

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Estafa en Supermercados Mercadona.

¡¡Cuidado !!, que no te pase como a mi.

Te aviso de una estafa que están realizando estos días en el Mercadona y en la que está cayendo bastante gente. La hacen en los parkings.

Así funciona el timo: dos chicos impresionantes de entre 28 y 30 años se acercan al coche mientras estás colocando en el maletero tus compras en el parking del supermercado. Entonces empiezan a limpiarte el parabrisas mojando disimuladamente sus camisetas apretadas marcando su perfecta musculatura.

Cuando al final -para darles las gracias- intentas darles una propina, ellos renuncian amablemente y piden a cambio que les lleves a algun lugar cercano. Si aceptas, suben y se sientan en los asientos posteriores. Mientras conduces empiezan a hacerte halagos y masajearte de una forma tan grata q es imposible negarse. Cuando llegas al lugar deseado, uno de ellos, haciendose el agradecido, se sube en el asiento delantero y te hecha un polvo bestial, claro, esto te pilla de sorpresa y distrae tu atención, mientras el otro aprovechando esta situacion y, sin darte cuenta, te roba la bolsa del pan y los yogures.
Con este ingenioso sistema me han robado la compra el martes, el miércoles, el jueves dos veces, (el viernes no pude ir) y otra vez el sábado y probablemente también me roben mañana por la tarde. Te dejo, me voy al mercadona.

En el Gimnasio

Soy monitor de culturismo en un gimnasio en mi pueblo. Aquí todos nos conocemos (mi pueblo solo tiene 8.000 habitantes) y eso repercute en una actitud mucho más conservadora en materia sexual. Por eso por lo inesperado, aluciné más cuando me sucedió lo que voy a contaros.

En el gimnasio siempre soy el encargado de cerrar por las noches, los profesores de aeróbic y karate se marchaban cuando terminaban sus clases, sin embargo en la sala de pesas siempre quedaba algún rezagado o rezagada que me obligaban a esperar a veces hasta después de las doce de la noche, ya que después de entrenar tenían que ducharse, y al salir se quedaban conversando conmigo de forma relajada.

Aquella semana empezó a quedarse Julia, es una rubia de treinta y cinco años, mujer de un rico constructor del pueblo. Su coche se había averiado y esperaba en el gimnasio hasta que su marido viniese a recogerla, a veces hasta las doce de la noche. Los tres primeros días todo fue normal, ella se duchaba y después salía arreglada con pantalones ajustadísimos y camisas ligeramente escotadas, otras veces con un largo vestido, abierto por atrás y ceñido a la cintura, caderas y pechos.

Julia es espectacular y elegante, su marido es envidiado en el pueblo porque ella probablemente sea la mujer más guapa que se ve por aquí. A pesar de su edad y de tener dos hijos, su cuerpo está cuidadísimo, viene al gimnasio desde siempre y se viste, maquilla y peina con una alta dosis de coquetería y buen gusto. Aquel día salió de los vestuarios con el pelo aun mojado, una faldita corta y ajustada, con duna pequeña rajita atrás, una blusa blanca sin mangas y semitransparente que dejaba entrever el sujetador de encaje, y la chaqueta, que completaba el traje, colgada del brazo.

Al finalizar todas las actividades, quedaron charlando conmigo ella y otras tres mujeres, jóvenes y casadas como ella. Aquel día el tema de conversación fue el sexo, las infidelidades y la injusticia de la sociedad al juzgar de forma diferente cuando las cometían hombres a mujeres. Conforme fueron llegando a recoger a las otras tres, terminamos los dos solos; seguimos con la conversación. Ella me decía que a las mujeres casadas o no también les gustaban los hombres guapos y cuerpos bonitos, en eso sonó su móvil, era su marido excusándose y diciéndole que no podría ir a buscarla hasta dentro de dos horas. Ella se enojó y le gritó, el gimnasio está a las afueras y ellos viven en un chalet a las afueras también, pero justo en la parte opuesta.

En un momento me consultó y yo accedí a esperar hasta que viniese su marido a buscarla. Podría haberla llevado yo, pero en el pueblo hubiera dado que hablar que la hubieran visto a esas horas subida en el coche conmigo. Cuando colgó, se recostó a uno de los espejos que cubren las paredes de la sala donde estábamos, fue dejándose escurrir hasta sentarse en el suelo. Cuando estuvo sentada exclamó: ¡vaya faena! Y sonrió con cierta coquetería. Desde arriba se me ofrecían dos impresionantes piernas bronceadas, su faldita se había recogido casi hasta la cintura y se me ofrecía su tanga blanco, de encaje que transparentaba todos sus pelos de su chocho.

Al principio me sentí violento, concertado, nervioso, los ojos se me iban a aquella zona sin poderlo evitar y temía que eso la incomodara, pero pronto descubrí que ella era consciente de la situación y al contrario de rectificar lo que hacía era retarme y provocarme. Como todavía hablábamos y bromeábamos opté por tirarme al suelo delante de ella, de medio lado, recostado sobre el antebrazo. Retomó la conversación donde la había dejado antes de que llamara su marido. Aseveró que muchas mujeres y más en aquel pueblo las mujeres no follaban con otros hombres por temor a que se enterara la gente y las etiquetaran de putas para el resto de sus días ¿tu también? Le pregunté. Sonrió pícaramente. – Pues claro, a nadie le amarga un dulce. Ante la respuesta me inundó una descarga de valor, de descaro. Fijé la mirada en sus muslos que ahora desde abajo me ofrecían todo su culo, redondo, precioso, liberado por un tanga que se veía atrapado en el centro desapareciendo casi por completo y volviendo a aparecer para apenas cubrir el bulto de su chocho, y mientras tanto pelos que salían a los dos lados del tanga y se engolfaban con el. Me incorporé hasta llegar a su altura. -Pues yo no voy a contarlo a nadie. Con una mano cogí sus muslos por debajo de la falda, y con la otra rodee sus hombros, besándola con ganas, aunque a la espera y con dudas de cual pudiera ser su respuesta. No solo no me rechazo, sino que me obligo a tumbarme de espaldas sin despegarse de mí y echándoseme encima.

Ella me comía la boca y el rostro y el cuello mientras me sujetaba la cabeza con las dos manos, su cuerpo se cimbreaba arriba y abajo como una serpiente restregando su chocho contra mi polla aun escondida, pero ya dura como un palo, yo la tenia cogida por el culo, con la falda subidísima, metiendo las manos por debajo del diminuto tanga. En un momento se quito de encima de mí, se puso a un lado de rodillas y me bajo el chándal y slip, mi polla, durísima, se quedo totalmente recta, la miro con deseo, se quedo totalmente recta, la miro con deseo, recreándose y se la metió en la boca, ¡como me la chupaba! Nunca antes había sentido nada igual, aproveche para tocarle el culo que se me ofrecía en pompa, aparte el tanga a un lado y le introduje un dedo en el chocho, lo que me encontré me encendió aun más ¡¡Su chocho estaba chorreando, empapadísimo!! Le estuve metiendo dedos repetidamente mientras ella me chupaba la polla, de pronto descubrimos que estábamos siendo observados, nos incorporamos rápida y nerviosamente. Era mi compañero Javier, mi compañero de entrenamiento. -Perdonadme, me olvide los guantes y volví a recogerlos.- balbuceo nervioso. -Perdonadme- repitió mientras salía con rapidez. -¿No dirá nada? – Me pregunto inquieta julia. -No.- conteste más tranquilo que ella, lógicamente tenia menos que perder. -¿Seguro? Me arruinaría la vida.- La inquietud de Julia crecía. No se como se me ocurrió aquello, fue sin pensármelo.-¿Le digo que se quede? Así el también tendrá por que callar, lo mismo el que yo tenemos nuestras novias.- Julia se quedó perpleja, sorprendida y sin esperar su respuesta me subí el pantalón del chándal y corrí detrás de Javier.

Cuando regresé con él le dije: – Julia dice si quieres participar con nosotros. Yo era quien estaba diciendo todo, pero para los tres estaba siendo una noche llena de sorpresas. Primero se quedaron parados, luego Javier se fue para ella y soltó: – ¡pues claro! Y la cogió el culo mientras la devoraba la boca. Yo para evitar mas sorpresas me fui a cerrar la puerta del gimnasio, y cuando regresé estaban los dos ya desnudos, Javier de pie, con las piernas abiertas y apoyado en la pared, y Julia de rodillas comiéndole la polla, ahora el culo, con fricción, totalmente encendida.

Quizás la visión de nuestros cuerpos la había calentado en grado sumo. Javier y yo tenemos 20 años y los dos nos preparábamos para un campeonato de culturismo, y por lo cual nuestros cuerpos estaban musculados y depilados. Me desnudé, y acercándome a ellos la cogió por atrás, le abrí ligeramente la pierna y le acerque la polla a su chocho, restregándosela antes de metersela sin problemas pues estaba empapada, como un flan. Mientras yo la follaba de rodillas a cuatro patas, ella no dejaba de chuparsela a Javier que se había vuelto y ahora estaba de pie recostado a la pared. Al metersela Julia me reprocho jadeando: -Cabrón no te has puesto el condón. – No. -Contesté sin intención de sacársela, pero no te preocupes domos chicos sanos y solo follamos con nuestras novias. – Pero es que solo hace 4 días que he estado empezado a tomar la píldora. – Hablo entre jadeos mas fuertes y sin deseos tampoco de que se la sacara.

Al cabo de un rato Javier se corrió entre espasmo en la boca de Julia, aunque parte le repartió por la cara; Julia, excitada aun mas por el orgasmo de Javier se corrió estremeciéndose todo el cuerpo y jadeando de forma ruidosa, y yo me corrí dentro de Julia muerto de placer al sentir como su chocho se estremecía y por dentro me golpeaba el culo. Los tres nos tiramos al suelo dejando a Julia en el centro y sin dejar de tocarnos y chuparnos mutuamente. Javier se dirigió a Julia: – Me ha gustado mucho pero ya quiero follarte también. – Yo también quiero que me folles. – Le contestó Julia mientras se incorporaba hasta ponerse de rodillas. Comenzó a chapársela a Javier y yo me puse detrás de ella sobándola y chupandole el culo y el chocho del que empezaba a verse mi leche. Cuando Javier la tuvo dura, Julia se puso encima y comenzó a moverse como una posesa. – Ven aquí. – Casi me ordenó. Cuando me puse frente a ella comenzó a comerme la polla y el culo, dándome vueltas a su antojo y poniéndome otra vez a punto, cuando me chupaba el culo me abría con las manos para introducir la lengua mas adentro. Después de un largo rato con mi polla en su boca, me corrí al tiempo que ellos dos. ¡ Fue increíble ¡

Después corrimos a ducharnos descubrimos que su marido estaría apunto de llegar. Cuando llegó estábamos los tres fuera esperando. Tras saludarnos y bromear un rato ya que en el pueblo nos conocemos todos, terminaron despidiéndose. – A esta dale caña bien que no se le aflojen las carnes. – Dijo su marido a la vez que le daba una palmada en el culo mientras caminaban. Los cuatro reímos aunque por diferentes motivos.

La Primera Vez.

(Relato enviado por un cliente a mi wWhatsapp) Me ha gustado y me ha parecido bien compartirlo…

Nunca antes había utilizado los servicios de chicas de compañía, pero ese día me había quedado solo en casa, mi mujer se había ido al pueblo a visitar a sus padres y se había llevado a los niños.

Mirando el periódico comencé a curiosear en las páginas de relax. Me pregunte como seria follar con alguna de aquellas chicas en mi misma casa, conforme fantaseaba comencé a calentarme y eso me ayudo a decidirme.

Escogí un anuncio y llame para informarme, la chica que me atendió me describió a sus compañeras, opte por Adriana porque su físico correspondía al tipo de mujer que me da más morbo, pero cuando llego y la vi, lo flipé; tenía ante mi una morenaza guapísima con pelo largo y cuerpazo imponente. Llevaba una faldita corta que enseñaba un par de muslos de los que quitan el sentido. Cuando la pague, guardo el dinero en el bolso y al hacerlo se le cayo un pintalabios, se agacho a recogerlo y al hacerlo me enseño su culete en todo su esplendor adornado por un pequeño tanga blanco por cuyos lados asomaban deseosos de ser liberados un ramillete de pelos negros de su chochete. No pude reprimirme por mas tiempo, le quite el bolso de las manos y lo deje encima de la mesa, ella se sorprendió, pero no le dio tiempo a decir nada porque antes de que lo hiciera le estaba comiendo la boca mientras le metía mano por debajo de la falda, subiéndosela, tocándole el culo, apartándole el tanguita y metiéndole mano en el chocho.

Después de un rato besándola y tocándola su chochete empezó a mojarse. Eso me volvió loco, empecé a desnudarla, conforme lo iba haciendo mi excitación se disparaba. Desnuda era un bombón: sus tetas eran bonitas, proporcionadas, firmes; su culo y sus piernas prietas, su chochete recortado, precioso.

Me desnude en un plis plas. Mi polla estaba dura como una piedra, ella se agacho delante mío y empezó a chupármela mientras con las manos me magreaba el culo. Como la chupa la condenada; nunca antes me la habían chupado así. Me la puso dura, dura, dura. Cuando me puso el preservativo la hice apoyarse en el sillón, me incline y le chupe el culo y el chocho, estaba chorreando, al verla así ya no pude contenerme mas, se la metí por detrás y su chocho chapoteaba al ser follada, la tumbe sobre la alfombra y se la volví a meter después de un rato sus ojos se le pusieron vidriosos, me apretó el culo con sus manos con fuerza, comenzó a gemir desesperada y se corrió como una tigresa, yo también me deje ir. ¡Que orgasmo! No me he vuelto a quedar solo en mi casa pero he ido a verlas tres veces ya. Estoy enganchado a Adriana a su cuerpo y al meneito de sus caderas.



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